Córdoba no es un solo destino, son varios metidos en una misma provincia. Tenés la capital con su casco jesuítico y su movida universitaria, las sierras con pueblos que cambian de paisaje cada 40 kilómetros, ríos para meter los pies en febrero y noches que se estiran hasta el amanecer en Carlos Paz. Con 3 o 4 días bien armados se puede ver lo esencial sin manejar como loco.
La ruta en micro a Córdoba es una de las más servidas del país: hay frecuencias casi cada hora desde Retiro y conexiones desde Rosario, Mendoza y el NOA, así que entrar y salir es la parte fácil. Lo interesante empieza después.
Villa Carlos Paz: el lago y la noche
Carlos Paz está a 36 km de la capital cordobesa y funciona como base ideal si querés mezclar sierra y nocturnidad. El lago San Roque es el centro de todo: se puede recorrer en catamarán, dar la vuelta en auto (unos 40 km de circuito) o sentarse a tomar algo en la costanera mirando el reloj cucú, que ya es un clásico medio kitsch pero infaltable.
La noche en Carlos Paz tiene dos caras. Una es la avenida Cárcano con teatros de revista, propuestas familiares y boliches grandes; la otra es la zona del centro con bares más chicos, cerveza artesanal y peñas. Si vas en enero o febrero está a pleno; en otoño se siente más tranquilo y los precios bajan bastante.
La Cumbrecita y el Valle de Calamuchita
A unas dos horas y media de Carlos Paz por la ruta 5 está La Cumbrecita, un pueblo peatonal de impronta alpina fundado por inmigrantes alemanes. No entran autos: se deja el vehículo en la entrada y se camina. Vale la pena llegar temprano (antes de las 11) para hacer la caminata al Cerro Wank o bajar a La Olla, una piscina natural sobre el arroyo Almbach. Comer un goulash o una trucha en alguna de las cervecerías del pueblo es parte del plan.
En el camino, si tenés tiempo, parate en Villa General Belgrano (famosa por su Oktoberfest a principios de octubre) y en el embalse de Los Molinos.
Mina Clavero y el Camino de las Altas Cumbres
Cruzar a Traslasierra por el Camino de las Altas Cumbres es, en sí mismo, parte del viaje. La ruta 14 sube hasta más de 2.000 metros, pasa por el Parque Nacional Quebrada del Condorito (parada obligatoria si te gusta caminar: hay un sendero de unas 4 horas ida y vuelta hasta el balcón donde se ven los cóndores) y baja zigzagueando hasta Mina Clavero.
Mina Clavero es para río: Nido del Águila, La Toma y el balneario Los Elefantes son los más visitados. El agua viene fría incluso en pleno enero, así que ojo si vas con chicos. Si querés algo menos masivo, corrette unos kilómetros a Villa Cura Brochero o a Las Calles.
Córdoba capital: jesuitas y Güemes
La ciudad merece como mínimo un día completo. La Manzana Jesuítica (Patrimonio de la Humanidad) concentra la Iglesia de la Compañía de Jesús, el Colegio Nacional de Monserrat y la antigua sede de la universidad, todo en una cuadra. La Catedral, el Cabildo y la Plaza San Martín están a tres minutos caminando.
Para la tarde, barrio Güemes: la feria de los fines de semana, los pasajes con murales, librerías chicas y patios cerveceros. De noche, Nueva Córdoba concentra bares y la zona universitaria.
Qué comer y cuándo ir
La comida cordobesa va más allá del fernet (que igual hay que tomar, con Coca y mucho hielo). Buscá:
- Locro en alguna peña, sobre todo si caés un 25 de mayo o un 9 de julio.
- Picada serrana con quesos de cabra, salames de Colonia Caroya y aceitunas de Cruz del Eje.
- Chivito a la llama en pueblos como Mina Clavero o San Marcos Sierras.
- Alfajores cordobeses de dulce de leche y baño de chocolate: los de La Falda y Cosquín son los más buscados.
La mejor época depende de qué busques. Diciembre a marzo es la temporada de río y noche carlospacense, pero está caro y lleno. Abril, mayo, septiembre y octubre son ideales para caminar, ver el verde y conseguir hospedaje sin sobreprecio. Julio funciona si te gusta el frío seco y hacer trekking con poca gente.
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