Mendoza se vende como la tierra del Malbec y es verdad, pero reducirla a eso es injusto. En la misma provincia tenés el cerro más alto de América, termas al pie de la montaña, rafting en el río Mendoza, una de las escenas gastronómicas más interesantes del país y una ciudad pensada después del terremoto de 1861 con plazas enormes y veredas amplias para sobrevivir al sol del verano.
Para llegar, el bondi sigue siendo una opción cómoda: hay servicios directos desde Buenos Aires (14 a 15 horas) y desde Córdoba, Rosario y San Juan con frecuencia. La ruta en micro a Mendoza atraviesa la pampa, entra a Cuyo de noche y te despierta con la cordillera de fondo.
Bodegas: por dónde empezar
La provincia tiene tres regiones vitivinícolas principales y conviene elegir según el día:
- Maipú: la más cercana a la ciudad (20 minutos) y la mejor para hacer en bicicleta. Alquilás en Coquimbito, recorrés bodegas familiares y olivícolas, y volvés al atardecer. Es la opción más barata y la más turística. Trapiche, Tempus Alba y Familia Di Tommaso son clásicas.
- Luján de Cuyo: media hora al sur, con bodegas premium como Catena Zapata, Bodega Lagarde y Ruca Malén. Acá nace el Malbec mendocino. Necesitás auto o tour.
- Valle de Uco: a 1.30/2 horas, en altura (1.000 a 1.500 msnm). Es la zona más nueva y la más cara, con experiencias premium como Bodega Salentein, Andeluna y The Vines. Reservar con anticipación, sí o sí.
Si tenés tres días, lo lógico es hacer uno en Maipú en bici, uno en Luján o Uco con tour, y uno fuera del vino.
Alta Montaña: el camino al Aconcagua
Una excursión de día completo por la Ruta 7 rumbo a Chile es casi obligatoria. El recorrido pasa por Potrerillos (con su embalse turquesa), Uspallata (donde se filmó "Siete años en el Tíbet"), las ruinas del Puente del Inca con sus aguas termales coloreando la piedra de naranja, y el mirador del Parque Provincial Aconcagua, donde se ve el techo de América (6.961 m).
Si vas en invierno, sumá Penitentes para caminar en la nieve. Llevá protector solar fuerte siempre: la altura y el aire seco queman aunque haga frío.
Cacheuta, rafting y descanso
A 40 km de la ciudad, Cacheuta es la salida más fácil para combinar deporte y relajación. Hay un parque de aguas termales con piletas a distintas temperaturas y, al lado, operadores que ofrecen rafting en el río Mendoza (clase II y III según la época, mejor entre noviembre y marzo cuando baja el deshielo). Se hace tranquilo en medio día.
La ciudad: Aristides, San Martín y el Caballito
La ciudad de Mendoza se camina. El Parque San Martín es uno de los más grandes de Sudamérica (más de 300 hectáreas), con el Cerro de la Gloria al fondo y el Caballito de Plaza Independencia a metros, una estatua icónica que vale como punto de encuentro.
De noche, todo pasa por la Avenida Aristides Villanueva: ocho cuadras de bares, vinotecas, parrillas y restaurantes con propuestas más arriesgadas. La escena gastronómica local es seria: cocineros como Lucas Bustos y los hermanos Mallmann hicieron escuela. Para almorzar barato y rico, probá las parrillas del barrio de las Heras o las cantinas de Godoy Cruz.
Cuándo ir y qué tener en cuenta
Mendoza tiene cuatro estaciones bien marcadas. Marzo y abril son ideales: coincide con la vendimia (primera semana de marzo, fiesta provincial gigante), las temperaturas bajan, las viñas se ponen rojas. Septiembre a noviembre es primavera con almendros y durazneros en flor.
El verano (enero, febrero) es caluroso y seco, pero las noches refrescan y los días son largos para exprimir bodegas. El invierno funciona si la idea es esquiar en Las Leñas (sur de la provincia, 6 horas desde la capital) o Los Penitentes.
Un tip: si tomás vino en bodega, no manejes. Hay tours con chofer que cuestan parecido a alquilar auto y te evitan dramas. Y siempre dejá una comida fuerte planificada después de un día de cata: vinotecas como Azafrán, Anna Bistró o María Antonieta no fallan.
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